Dos horas antes de la puesta de sol, semanas atrás se sucedía la misma escena de aquella tarde después de las cinco, hora en la que sentado en mi cama avistaba un campo deportivo que no era campo sino gravilla, una pared pintada a brochazos desganados, blanca eso si, como mandan los cánones de la isla y siempre vista esta escena a través de la ventana de madera, pintada de varios colores que no evitaron ninguno ese maltrato de la brisa marina que día a día había ofrecido desde tiempo remoto un daño irreparable. La calma es patente, el gusto por saborear el momento, mi momento, es necesario. Me acuesto en mi cama, el techo tiene rasgos de poco cuidado y a mis oídos llega una música que previamente había adquirido en la localidad. Comienzan los acordes, seguido la batería le acompaña, cierro los ojos y me empapo de Always, cada golpe en los platos, cada cuerda de guitarra me transportan fuera de la isla, fuera de allí estaba mi pensamiento, mi ilusión y fuera también se hallaba anclado mi futuro. Fiel a la esperanza me refugiaba en esos acordes que segundo a segundo me llevaban a un lugar idílico donde hacer realidad mi particular Always. Ese Romeo sangrando de pasión unida al dolor, mi corazón con latido propio, concentro mi entusiasmo en la canción y... termina de sonar pero yo no termino de soñar, sigo embarcado en mis pensamientos, la calma vuelve y aún no quiero abrir los ojos porque "And I'll be there forever and a day"
https://www.youtube.com/watch?v=9BMwcO6_hyA
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