Un amanecer me ha traído aquí con la niebla típica de estas fechas propias que anticipan la navidad, kilómetro a kilómetro la radio emitía la misma noticia, por relevante, y siempre ampliada en cada emisión hasta este destino en el que la emisión deja de tener turno de palabra para que sean las personas dueñas de ello, personas como la que me puso el desayuno, con su sonrisa desplegada en todo su esplendor a esta hora de la mañana, grato recibimiento al extranjero, chocolate caliente, churros y un zumo de naranja recién exprimido junto a la misma noticia esta vez en el televisor.
Unos llegan y otros se van con la sonrisa de la mañana que ella portaba.
La niebla no cesa, la humedad cala a todo transeúnte, que sin mediar palabra se dirige a su destino, unos suben y otros bajan por la peatonal y adoquinada calle que enlaza la orilla del río con la sonrisa de la mañana. Bufanda en la boca, cascos para escuchar música o quien sabe... las noticias. Con el carrito en su mano, vestido de uniforme reflectante transcurre el barrendero, preocupado en dejar constancia de su buen hacer a todo aquel que quiera transitar por esa calle porque para pasear no estaba la mañana. Una estampa que se repetiría hasta que la densa niebla abandonara la ciudad para que el sol brillara sobre sus dos catedrales, por si una fuese poco.
La mañana va culminando y de nuevo manos en la dirección y destino mi hogar.
Unos llegan y otros se van con la sonrisa de la mañana que ella portaba.
La niebla no cesa, la humedad cala a todo transeúnte, que sin mediar palabra se dirige a su destino, unos suben y otros bajan por la peatonal y adoquinada calle que enlaza la orilla del río con la sonrisa de la mañana. Bufanda en la boca, cascos para escuchar música o quien sabe... las noticias. Con el carrito en su mano, vestido de uniforme reflectante transcurre el barrendero, preocupado en dejar constancia de su buen hacer a todo aquel que quiera transitar por esa calle porque para pasear no estaba la mañana. Una estampa que se repetiría hasta que la densa niebla abandonara la ciudad para que el sol brillara sobre sus dos catedrales, por si una fuese poco.
La mañana va culminando y de nuevo manos en la dirección y destino mi hogar.
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