sábado, 2 de noviembre de 2019

Un sentido

Llevaba puestos mis pantalones azul cielo con los que tantos viajes he disfrutado, viajero entre sueños y realidades de dudosa veracidad.
Reposando y bebiendo ese licor con el que mi garganta se estremecia a cada trago veía pasar damas y caballeros de distinguida posición, pero no fué hasta pasadas las tres cuando se abrió la puerta del ascensor y en el espejo del fondo se reflejaba aquella singular dama que por las escaleras subía y se acercaba a mí, sentí mis palpitos cada vez mas intensos hasta que vi que no era yo su destino sino el dueño de aquel bastón que coronaba la cabeza de un caballo plateado, entonces me volví y seguí reposando con la puerta del acensor ya cerrada

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