El hombre observaba el trascurrir de
ellos, los adolescentes. Creo, por su gesto, que se recordaba a él junto a su
amor de verano. Por momentos parecía que sus ojos veían aquella misma tarde dos
décadas antes. Suave mirada al pasado, llena de entusiasmo al saborear aquel
amor de verano que un día fué presente. Creo que hasta vivió de nuevo aquel
puro amor a juzgar por la expresión de su rostro.
Me imagino que ese hombre tuvo en su amor
de verano un inagotable cumulo de experiencias. Pudo ser en la playa o quizás
en el chiringuito o quién sabe si en los pasillos del hotel donde se cruzara
por primera vez con aquella que sería una mujer recordada años después. Cuáles
fueron las primeras palabras cruzadas o cuando llego la primera sonrisa es solo
una respuesta en su mente. Apuesto que aún, tras tantos años, recordaba su
nombre con una sonrisa de oreja a oreja. La verdadera esencia se hizo para él
cuando coincidieron en el mismo lugar, destino de los dos aquel verano.
¿Y si, aquella mujer, que fué su deleite,
transitara por aquella calle, que ocurriría?
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